En el sector legal, muy pocas firmas o empresas pueden competir en salario con los grandes despachos de abogados nacionales e internacionales. Mientras que en las pequeñas y medianas firmas nacionales los salarios de los abogados no socios son moderados -en la mayoría de los casos bajos- los abogados que trabajan en los grandes despachos optan a sueldos muy difíciles de igualar en otros sectores.

El salario fijo de entrada para un abogado junior recién salido de la universidad, sin experiencia que vaya más allá de prácticas, se sitúa en los grandes despachos entre los 30.000 y los 36.000 euros brutos anuales. El salario fijo se ve complementado con un salario variable (bonus) en función de los objetivos anuales. A ello deben añadirse, además, los habituales beneficios sociales que ofrecen las grandes firmas: seguro médico, seguro de vida, tickets restaurante, etc.

Se trata, sin duda, de una remuneración de entrada muy difícil de encontrar en otros sectores.

Más atractivas todavía resultan las subidas anuales que experimentan los salarios de los abogados de los grandes despachos. Durante los primeros años se ofrecen subidas anuales de entre 2.000 y 7.000 euros, en función del rendimiento del profesional. Este margen de subidas va incrementándose conforme aumenta la seniority del abogado.

En los despachos internacionales, en los que por lo general las subidas anuales son mayores, un abogado con buen desempeño puede doblar su salario de entrada en su sexto o séptimo año. En el décimo año es habitual haber superado la barrera de los 100.000 euros.

El salario variable también aumenta sustancialmente conforme aumenta la seniority del abogado. La cuantía del bonus y los objetivos a cumplir para conseguirlo varían sustancialmente en función del despacho.

No hay duda de que se trata de salarios muy elevados. A cambio de tan atractiva remuneración, los grandes despachos exigen a los abogados que quieran unirse a la firma excelentes expedientes académicos, perfecto nivel de inglés e importantes habilidades técnicas y sociales. Además el trabajo en los grandes despachos es exigente: son habituales las largas jornadas y trabajar bajo mucha presión generada por clientes internos y externos.

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